Obispos apoyan a colega que se reunió con narco

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Obispos apoyan a colega que se reunió con narco

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(El Universal)
El obispo de Saltillo, Raúl Vera, respaldó la reunión de su colega Salvador Rangel con el narco en la diócesis de Chilpancingo-Chilapa para frenar los asesinatos de candidatos y calificó de "loable" su labor, mientras que el cardenal Juan Sandoval Íñiguez dijo que hace falta que obispos orienten al pueblo.

El secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, indicó que abordarán el tema con el Episcopado y, de ser necesario, tomarán medidas.

“Guerrero está en manos de los narcos”: El obispo que pactó con el narco "la paz" de un pueblo

El lunes, el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, estuvo en boca de todos: En los periódicos, en las estaciones de radio, en las conferencias de prensa, en el discurso de los candidatos… todos hablaron del sacerdote.

Unos lo lincharon, otros lo apoyaron y otros más, sigilosamente, se limitaron a cerrar la boca.



El Viernes Santo el obispo Rangel se reunió con un líder de la delincuencia organizada y dio detalles del encuentro.

Dijo que lo llevaron al lugar de la cita en un helicóptero que pagaron los habitantes de Pueblo Viejo, en el municipio de Heliodoro Castillo, gracias a una cooperación que hicieron.

La reunión se realizó no muy lejos de ahí, en la sierra, un territorio casi impenetrable para todos, hasta para las corporaciones policiacas.



Llegó hasta ese lugar para agradecer a un líder criminal por haberle devuelto la luz eléctrica y el agua a todo un pueblo.

Y aprovechando el viaje, dijo, le hizo una petición: Que no hubiera más asesinatos contra candidatos en este proceso electoral.



Todo esto lo contó el religioso el Domingo de Resurrección, al término de una misa en el mercado central de Chilpancingo.

El obispo Rangel llegó a la diócesis Chilpancingo-Chilapa en agosto de 2015.

Llegó a hacer su trabajo pastoral en un territorio que casi es el infierno: Chilpancingo, Chilapa, la Sierra y, desde hace unos meses, la Tierra Caliente.



En diciembre de 2017, el papa Francisco lo nombró también administrador de la diócesis de Ciudad Altamirano, en la Tierra Caliente, mientras nombraba a uno nuevo.

El obispo anterior de Altamirano, Maximino Martínez Miranda, dejó esa diócesis por la inseguridad: el crimen le mató a tres sacerdotes e intentó secuestrarlo.

En el territorio en el que predica Rangel operan las bandas delictivas más crueles de Guerrero: Los Rojos, Los Ardillos, El Cártel de la Sierra, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, Los Tequileros y Guerreros Unidos, de acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública del estado.



Desde que llegó a Guerrero, Rangel ha sido de los pocos críticos a la estrategia de seguridad gubernamental y de los pocos que nombra a las cosas como son.

Ha dicho que los narcotraficantes y los políticos están aliados; que dialogan en lo oscuro aunque lo nieguen en público.

“Sé de varias presidencias municipales que han estado impuestos los candidatos de parte del narcotráfico, como algunos diputados también, sostenidos por el narcotráfico (sic)”, ha soltado Rangel.

A las palabras del obispo se les puede poner rostro: José Luis Abarca, el alcalde de Iguala que puso la presidencia al servicio de Guerreros Unidos.

O el caso del “Tequilero número uno”, como Javier Olea Peláez, el fiscal general del estado, llamó al diputado local del PRI, Saúl Beltrán Orozco, a quien el Congreso del estado procesa por dos homicidios, uno de ellos de un sacerdote, y por darle protección a Raybel Jacobo de Almonte, el líder del grupo delictivo Los Tequileros.

Los encuentros del obispo con los criminales comenzaron a hacerse públicos este año. Pero el religioso ha dicho que iniciaron desde hace casi dos años.



Rangel fue el que estableció el primer contacto con un líder del narco. Un día, contó en una entrevista, un sacerdote le llamó para pedirle que interviniera para que no lo asesinaran.

La semana siguiente se apersonó en la sierra para pedirle al capo que no matara al sacerdote.

Después la hizo de mediador entre los grupos delictivos y, ahora, intervino para negociar seguridad para los candidatos.

Ha hecho públicos los encuentros, según su propio dicho, para que no lo acusen después de pertenecer a un grupo delictivo.

Sus palabras han molestado a muchos, sobre todo a los integrantes del gobierno de Guerrero.

Ha soltado cosas como estas: “Yo siempre he dicho: Guerrero está en manos de los narcos. La autoridad oficial ha sido sustituida por los narcotraficantes”.



Sus constantes declaraciones mantienen en vilo su vínculo con el gobierno de Guerrero. Recién en febrero las relaciones entre ambos se tensaron aún más, cuando el fiscal general criminalizó a dos sacerdotes que fueron asesinados en una carretera de Taxco.

Pese a todo, Rangel se ha mantenido en su posición: “En el gobierno dicen que no podemos dialogar con los delincuentes. ¿Por qué hablar de buenos y malos?, yo les pregunto. ¿Quiénes son los malos?”.

Como fraile franciscano, dice Rangel, sólo intenta hacer lo que San Francisco de Asís hizo, según el poema de Rubén Dario, "Los Motivos del lobo".

Según ese relato, el religioso decide ir en busca de un lobo que está matando ganado y atacando a la gente de una villa. Habla con él y el lobo le explica por qué hace lo que hace. Al final, San Francisco de Asís lo convence de que se pacifique.



Rangel, con sus claras diferencias, recuerda a otro obispo, Girolamo Prigione, el controvertido ex nuncio apostólico en México que se reunió con los hermanos Arellano Félix, líderes de Cártel de Tijuana, a principios de la década de 1990, en tiempo Carlos Salinas de Gortari.
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