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Los enredos de Trump generan confusión, incertidumbre y caos

Su reciente enredo sobre los aranceles a México y Canadá no ha sido la excepción.

Eduardo Ruiz-Healy

Donald Trump tiene una habilidad única para generar incertidumbre. Su reciente enredo sobre los aranceles a México y Canadá no ha sido la excepción. Ayer, en una reunión de su gabinete, sembró la confusión al anunciar sin previo aviso que la fecha límite de sus aranceles, originalmente programados para el 4 de marzo, pasaría a un sorpresivo “2 de abril”. ¿Había cambiado de opinión otra vez? No, pero la falta de claridad sobre cuál arancel se refería y su aparente improvisación desató un caos que dejó a analistas, periodistas y funcionarios de su Gobierno tratando de entender lo que dijo.

La semana pasada, Trump fue firme al asegurar que los aranceles de 25% a Canadá y México, vinculados al combate contra el fentanilo y la seguridad fronteriza, estaban “a tiempo, según lo previsto”. Sin embargo, ayer, al ser cuestionado, mencionó el 2 de abril como la nueva fecha para todo. La declaración desconcertó a quien lo escuchó, sobre todo a los funcionarios de los gobiernos mexicano y canadiense, pues sugería un retraso inesperado. Los funcionarios de la Casa Blanca tuvieron que entrar al rescate, aclarando que el 4 de marzo seguía siendo la fecha clave para los aranceles, mientras que el 2 de abril se referiría a una fecha completamente distinta para un plan de aranceles recíprocos, más amplio, que abarcaría a todos los socios comerciales de Estados Unidos.

¿Se trató de un desliz o simplemente de Trump improvisando, como lo ha hecho tantas veces en el pasado? La confusión generada no es algo nuevo. Este tipo ha jugado con los aranceles como su principal herramienta económica, y no ha sido raro que cambien sin previo aviso sus ideas y fechas. A principios de febrero, suspendió temporalmente estos mismos aranceles para que los funcionarios de México y Canadá entablaran negociaciones con su gobierno, y ayer de nuevo volvió a lanzar sus amenazas.

Este patrón de improvisación, al que Trump parece recurrir sin problemas, genera una profunda incertidumbre en los mercados y en la política global. Si bien sus seguidores e incondicionales lo aplauden por su estilo supuestamente audaz y desafiante, la falta de un cronograma claro y coherente ha dejado a sus aliados y adversarios en la cuerda floja, sin saber qué esperar. Mientras tanto, él continúa presionando con su agenda de autosuficiencia estadounidense, aunque no siempre parece seguir un plan claro. Su mensaje de “hacer América grande de nuevo” se mezcla con aranceles que, más que proteger a los trabajadores estadounidenses, parecen estar empujando a otras naciones a un campo de batalla económico global.

A medida que nos acercamos al 4 de marzo, la tensión aumenta. Trump ha logrado lo que muchos de sus seguidores consideran un triunfo de bravura, pero la incertidumbre y el desorden en sus declaraciones generan un escenario de caos económico. A pesar de que sus fans lo ven como un líder audaz que desafía cualquier convencionalismo, su estilo improvisado podría convertirse en su mayor enemigo, y la danza de fechas y declaraciones podría tropezar consigo mismo. Con Trump, parece que la hormona supera a la neurona. Dentro de pocos días sabremos cuál es el siguiente paso que decida dar en su guerra arancelaria contra países que supuestamente son socios y amigos del suyo.

Eduardo Ruiz-Healy

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