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El Ejército y la sucesión de la dictadura en Nicaragua

Ortega no goza de buena salud y en caso de faltar quien lo habrá de suceder en la Presidencia será su esposa.

Rubén Aguilar

El dictador de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, el 21 de diciembre pasado nombró al general Julio César Avilés Castillo al frente del Ejército de Nicaragua por seis años más, al fin de este periodo habrá estado 21 años al mando de la institución.

Los estudiosos de la realidad nicaragüense consideran que esta decisión de Ortega ocurre para garantizar el apoyo y la fidelidad del Ejército, a su esposa Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua.

Ortega no goza de buena salud y en caso de faltar quien lo habrá de suceder en la Presidencia será su esposa, que no tiene todas las simpatías de los integrantes del Gobierno y del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), a pesar del enorme poder que goza.

En el caso de que Ortega, por problemas de salud, o por su fallecimiento, tuviera que dejar el poder en los próximos seis años, su compañera, la vicepresidenta, tiene el apoyo incondicional del Ejército que comanda Avilés. Así se garantiza la sucesión.

Como lo señala el portal Confidencial, la dictadura aprobó ilegalmente en primera legislatura, el 22 de noviembre de 2024, una reforma constitucional que establece que la Presidencia de Nicaragua estará integrada por un “copresidente y una copresidenta”.

Esta legislación anula la independencia de los poderes del Estado, que ahora se reducen a “órganos”, extiende el periodo presidencial y garantiza la continuidad de una dinastía familiar.

Todo indica que el Ejército está ya sumado al proyecto dinástico de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y que está conjurada cualquier oposición a que Murillo ocupe la Presidencia.

Y para evitar, el menor de los problemas o inconvenientes, el general Avilés y los generales Bayardo Rodríguez, jefe del Estado Mayor, y Marvin Corrales, inspector general del Ejército, que desde hace seis años integran la Comandancia General, han creado un “tapón institucional” dentro del Ejército, donde los ascensos y retiros dependen directamente del dictador.

A cambio, los altos mandos tienen garantizados sus negocios y la expansión de los mismos, que ahora adquieren propiedades en el Caribe, con al apoyo de Ortega y Murillo. La producción pecuaria, entre otras actividades, requiere de acceso a más tierras, que la dictadura les garantiza.

El dictador ha entregado a los altos mandos un centenar de propiedades altamente rentables y les concedió aumentos presupuestarios permanentes. La dictadura, y su Ejército participan y se benefician de un mismo proyecto.

Rubén Aguilar Valenzuela

@RubenAguilar

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