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Pesimismo esperanzador

Parecería ser que las amenazas a las que nos enfrentamos son pesimismo y desesperanza.

Óscar Serrato

Cascabel

Schopenhauer afirmaba que “un pesimista es un optimista en plena posesión de los hechos”. El llamado al optimismo por quienes nos presentan una narrativa panglosiana de lo que hoy sucede en nuestro País no tiene un anclaje con lo que sucede en materia de seguridad, economía, transparencia, gobernanza, salud y cohesión social.

Parecería ser que las amenazas a las que nos enfrentamos son pesimismo y desesperanza, descalificando a quien se niega a replicar ese absurdo discurso como conservador y neoliberal. Un optimismo desbocado no solamente no es virtuoso ante los retos que enfrentamos como nación, representa una auténtica amenaza y el peor de los vicios de liderazgos irresponsables.

La simple lectura de los hallazgos, declaraciones, amenazas y revelaciones de estas semanas nos invitan a reconsiderar lo que sabemos sobre optimismo y pesimismo, esperanza y desesperación, activismo y dolor. En el mundo de lo políticamente correcto se ha perdido la capacidad de conversar sobre pesimismo, aun sin embargo no debemos de caer en la trampa de evitar incomodar.

El pesimismo es una condición precedente al cambio en la tradición de activismo social, moral y político transformador. Lo que hay que evitar es el fatalismo y resignación. Esta semana se expidió el acta de defunción de la transparencia en México. Un parpadeo en la historia de nuestro País que por fugaces instantes nos llevo a soñar que quienes gobiernan deben de rendir cuentas sobre el ejercicio de los recursos de todos. Gracias a ella descubrimos que quienes gobiernan, sin distingo de colores partidistas, en su gran mayoría no son personas honorables. Corrupción, despilfarro, nepotismo, improvisación, peculado, ejercicio indebido de la función pública, uso de empresas fantasmas e insolencia quedaron a la vista de todos, al igual que una vergonzosa impunidad.

El otorgarle al Ejecutivo la obligación de transparentar los actos del Ejecutivo, no solamente es un despropósito, es la evidencia más clara de la intencionalidad oligofrénica y soberbia del nuevo diseño institucional por parte de quienes se niegan a reconocer la época en que vivimos.

Utilizando el marco de fracaso institucional, desarrollado originalmente por Oliver Williamson para mercados, posteriormente descrito por Acemoglou y Robinson en “Por qué fracasan las naciones” encontramos que nos enfrentamos a un diseño que busca extraer rentas en beneficio de una elite a costa de toda la población.

A escasos días de la clausura de las sesiones ordinarias en primer año de la actual legislatura federal los esfuerzos de una mayoría legislativa espuria al servicio de quienes hoy gobiernan conlleva una finalidad de control, opacidad, discrecionalidad, autoritarismo, destrucción institucional y retroceso democrático. La absurda y costosísima elección del próximo 1 de junio para elegir a las personas juzgadoras que integren los poderes judiciales de la Federación y de los estados es un claro ejemplo de destrucción de capacidades y competencias institucionales bajo un discurso falaz que esconde la perversa intención de unificar el poder que les falta en una sola persona, el Legislativo ya es totalmente Palacio.

No pretendo defender ni justificar al Poder Judicial afirmando que todo funciona bien, imposible negar las oportunidades perdidas de mejora institucional, lo que sí me atrevo a afirmar que en un país que continua con “hambre y sed de justicia”, los conflictos de intereses e improvisación de cuadros inherentes en un proceso de elección de jueces representa un retroceso generacional.

La privatización de la resolución de conflictos vía métodos alternos como la mediación, arbitraje y negociación asistida para algunos será viable. El riesgo de privatización de la justicia como la que se ha dado en recaudación vía cobro de piso, o de seguridad vía grupos que venden protección es grande.

La reciente promulgación de la legislación secundaria en materia energética por parte de Sheinbaum para reiterar la preponderancia en extracción y refinación de petróleo así como en la producción de electricidad, exhibe a un régimen que vive anclado a un pasado que nunca fue, donde lo único que se logra es perpetuar la patente de corso alrededor de ambas actividades públicas.

Las urgentes inversiones en materia energética no están dentro de las capacidades financieras del Gobierno federal. Quines hoy gobiernan en su diligente implementación de Gramsci en busca de crear una nueva superestructura que les permita perpetuarse en el poder olvidan la premisa fundamental de crear nuevos procesos, están anclados en su aspiración de implementar para su beneficio aquella dictadura perfecta, es para ellos su alfa y su omega.

Su ambición y limitaciones representan para muchos la certeza de que estos gobernantes, al igual que quienes los formaron, ante el inevitable fracaso tendrán que abrir de nuevo la competencia política, entregar el poder y enfrentarse con su destino.

El declararme pesimista ante lo que sucede y la incapacidad de quienes gobiernan de enfrentar los retos, no implica renuncia a mi obligación de levantar la voz, mucho menos a mi sueño de dejar un mejor país y mundo a mis hijos; al contrario es un llamado a la acción.

Hay que redoblar esfuerzos en la búsqueda de un cambio para mejorar, sin esperar nada a cambio más que el conocimiento y satisfacción de que hemos dado nuestro todo ante el llamado de ser agentes moralmente responsables en tiempos turbulentos de cambio.

Óscar F. Serrato Félix es padre de tres, ciudadano, empresario, analista y optimista.

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