Ivermectina en el corazón del MAGA
En lo personal considero que las ideologías no deben torcer los caminos de la ciencia...

En la memoria sobre la última pandemia prevalecen muchos recuerdos sobre uno de los medicamentos que más se utilizaron, la ivermectina, tema de no pocas controversias. MAGA es la denominación corta del movimiento inspirador de la narrativa oficial del nuevo gobierno estadounidense, compuesto por las cuatro iniciales de “Make America Great Again” y que podríamos traducir como “Hagamos a los Estados Unidos Nuevamente Grandioso”.
Las controversias sobre la ivermectina rebrotan en las últimas semanas en los Estados Unidos porque el oficialismo trampista incluye en diferentes sectores a funcionarios de alto nivel, a personajes influyentes y a un sector popular de considerables dimensiones que sostienen que la ivermectina no solo es útil en la erradicación de algunos parásitos sino también para la Covid 19.
Sucede que, como la ivermectina es capaz de detener la replicación de algunos virus en el laboratorio, pues esto hizo suponer que igual podría hacerlo con el virus de la Covid 19 en el cuerpo de una persona y tal suposición se difundió más allá de los recintos científicos para ir a conocerse entre el público general pero con el agravante que entonces estábamos en el seno de una pandemia en la que muchos millones de personas enfermaban y morían, y esto indujo a los pueblos de todo el mundo a un escenario de pánico que facilitó la adopción de recurrir a prácticamente cualquier tipo de tratamiento aunque no hubiera una evidencia razonable de su eficacia, como resultó ser el caso de la invermectina pues ya que nunca fue respaldada por resultados científicamente comprobables.
En los Estados Unidos la mentalidad conspiracionista que tiene notable arraigo en muchos grupos de la población adoptó la percepción de que las empresas farmacéuticas se aliaron para que la ivermectina no se utilizara en el tratamiento de la Covid 19 porque ser medicamento de bajo costo que quitaría la oportunidad a nuevos medicamentos e incluso a las vacunas y bajo esa premisa se encendió el entusiasmo por utilizar la ivermectina y, tanto, que en los Estados Unidos su consumo se multiplicó 10 veces durante la pandemia, en muchos casos porque era lo que la gente podía comprar y algunos gobiernos lo vieron obviamente como un ahorro al gasto público.
Simplemente en América Latina los gobiernos de ocho países respaldaron oficialmente el uso de ivermectina, y de hecho el gobierno de la CDMX distribuyó unos 200 mil paquetes de medicamentos con ivermectina a personas que resultaron con prueba de Covid positiva y luego ver resultados, y estos se publicaron en una revista estadounidense “semipopular” de ciencias sociales (SocArXiv), pero poco después el comité revisor interno de la publicación retiró el artículo correspondiente pues indujo a aumentar el uso de ivermectina sin haber todavía un respaldo científico y ha trascendido que hubo sujetos al estudio que no fueron bien informados del mismo.
Pues bien, el favoritismo popular por la ivermectina continuó en los Estados Unidos y aún prevalece, es más, se ha robustecido en las últimas semanas desde la llegada de Trump al poder y con ello el nombramiento del nuevo secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., que en 2021 había solicitado al gobierno federal desautorizar la vacuna contra la Covid 19 con el argumento de que la ivermectina era más segura, y Kennedy no está solo, hay personas de influencia que respaldan el movimiento antivacunas entre los que no pocos apoyarán las preferencias por ivermectina. El gobierno estadounidense ha reiterado que no hay pruebas de que la ivermectina sea eficaz contra ese virus en seres humanos. El articulista de historias nacionales, Richard Fausset, publicó el martes de esta semana en el NYT un escrito intitulado “La derecha en los Estados Unidos sigue defendiendo la ivermectina”; y la derecha es más extensa que el puro movimiento MAGA.
En lo personal considero que las ideologías no deben torcer los caminos de la ciencia, lo que allá pasa con la ivermectina y la derecha, acá ocurre con la izquierda y el riesgo a la salud humana por alimentarse con maíz transgénico, idea hasta ahora carente de fundamento científico, aún a pesar de décadas de cientos de estudios entre muchos millones de personas consumidoras del grano. (Me refiero exclusivamente al riesgo de daño a la salud humana; la cuestión de proteger la economía o el patrimonio cultural de una región es otro asunto; pero el afirmar que hay daños a la salud humana por este motivo sólo debe sujetarse a los resultados de una metodología científica bien conducida).
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