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La cohesión familiar se trabaja cada día

La creación de valor no perdura en una familia empresaria desintegrada

Carlos  Dumois

La creación de valor no perdura en una familia empresaria desintegrada

La llamada telefónica me dejó frío. Después de muchos años de esfuerzo por mantener unidos a los miembros de esta familia, este empresario me compartió, con profunda tristeza, la aparente ruptura con su primo.

Hemos trabajado con este grupo familiar en distintos ámbitos: Decisiones de inversión y crecimiento, funcionamiento del consejo de dueños, definición de criterios en la relación familiar, desarrollo de actitudes y de calidad de diálogo, alineación de querencias, integración del equipo directivo, rediseño de la fórmula de propiedad, manejo de discrepancias, gestión de emociones, implementación de la sucesión a la siguiente generación, renovación del sistema de gobierno y muchos temas más.

Ha sido enorme la cantidad de energía que estos empresarios le han dedicado a crear una plataforma de Dueñez compartida sustentable. Largas discusiones, duros enfrentamientos, desgaste emocional, fuertes negociaciones, interminables reuniones. La inversión hecha es importante, los frutos se han dado poco a poco. El grupo ha crecido de manera relevante. Grandes acuerdos se han logrado. La gobernabilidad se ha conseguido, aunque a veces sostenida con fragilidad.

El problema surgió con la negativa del presidente del grupo a realizar una fuerte inversión en una de las divisiones. El plan estaba trazado y acordado con anterioridad. Los resultados en ese proyecto han sido extraordinarios. Pero el contexto ha cambiado. Las circunstancias llaman a la prudencia: Gobierno de izquierda con posturas anti-empresariales, amenaza de imposición de aranceles por parte de Trump, fuertes cambios geopolíticos, gran incertidumbre económica.

El primo del líder del grupo se mostró indignado por la denegación de la inversión. Su reacción fue violenta, su lenguaje ofensivo y crítico. No hubo forma de reconstruir el camino del diálogo, se manifestó el deseo de no seguir trabajando juntos.

Al otro día de la llamada me reuní virtualmente con el presidente del grupo. Aún estaba incómodo. Mi mensaje tenía que ser contundente: ¡No te puedes rendir! Le dije con fuerza. Hay siempre estos riesgos en las familias empresarias. A veces la emocionalidad es incontenible. Los altibajos no son cosa rara. Pero hay que volver a levantarse. La cordura y la humildad tienen que prevalecer.

Sabemos que los conflictos familiares ofuscan la disposición, nublan la razón y desmotivan la voluntad. La cohesión es una condición necesaria para asegurar la longevidad de la empresa familiar. La unidad familiar debe llevarnos a la fluidez en la toma de decisiones, a la disposición a escucharse, a una comunicación asertiva y a una capacidad real de resolución de conflictos.

Lo que no podemos perder es la determinación de encontrar vías de conciliación. Una discrepancia, por más grave que sea, no debe llevarnos a la ruptura. Las consecuencias de esta siempre terminan destruyendo valor, siempre llevan a posiciones perder-perder.

Cuando estamos al borde del rompimiento, es el más maduro quien ha de dar el primer paso. Si seguimos dejándonos llevar por la molestia y el encono del mal trato del otro, daremos otro paso de confrontación hasta que llegaremos al punto de no retorno. Esto debemos evitarlo a toda costa.

Los procesos de sanación familiar son diversos. Hay diferentes tipos de expertos a los que podemos acudir, desde coaches, asesores en terapia familiar, sicólogos, etc. Nos cuesta trabajo acudir a ellos. Los consideramos como algo lejano, que no nos queda a nosotros. A nadie nos gusta pensar que necesitamos a un extraño en medio de nuestra relación familiar.

Pero la clave en estos momentos es dar el primer paso, es hacer la primera reunión. No todas las familias tienen la capacidad de manejar sus diferencias preservando su armonía. La mayoría necesitan de la intervención de alguno de estos expertos.

La unidad familiar no se hereda ni se instala en un proceso finito que pronto termina. Es algo que nos toca construirlo día a día, todo el tiempo. Tendrá sus altibajos, pero no podemos rendirnos. Tenemos que seguir trabajando para mantenerla y fortalecerla.

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