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¿Realmente no te valoran, o es tu percepción?

Nuestra necesidad emocional más básica es sentirnos valorados; cuando esto no sucede, no sólo nos frustramos, sino que sentimos una amenaza real a nuestro bienestar.

¿Realmente no te valoran, o es tu percepción?

En el mundo de la imagen pública, la percepción que los demás tienen de nosotros impacta directamente en nuestra autoestima y en cómo nos relacionamos. Si no te sientes valorado, antes de señalar con el dedo, pregúntate: ¿Qué imagen estoy proyectando?

Cuando sentimos que no nos valoran, es muy fácil caer en el papel de víctima. Culpar a los demás es un alivio momentáneo, pero también nos deja sin herramientas para cambiar la situación.

Aquí está la dura realidad: no puedes cambiar a los demás, sólo cómo los percibes y cómo reaccionas ante ellos. Además de lo que otros ven, tu imagen pública es cómo interpretas lo que ves en los demás.

William James, uno de los padres de la psicología moderna, afirmaba: “La realidad es todo aquello a lo cual presto atención”. No existe una verdad absoluta ante un hecho, sino diferentes interpretaciones.

Cada persona construye su propia versión de la realidad, basada en su historia, creencias y experiencias. No se trata de discutir quién tiene la razón, ya que no existe “la razón”, sino “tus razones” y “las mías”.

La percepción es siempre subjetiva, cada uno enfoca su atención en aspectos distintos de una misma situación. Por eso, en vez de confrontar, es mejor conversar y enriquecerse con las razones de los demás.

Lente del optimismo realista

Pregúntate: “¿Cuáles son los hechos de esta situación?” y “¿Qué historia me estoy contando sobre ellos?”. Nuestra percepción puede distorsionar la realidad, así que antes de reaccionar, revisa si estás interpretando los hechos de la manera más objetiva posible.

Lente inversa: ve la situación desde la perspectiva de la otra persona. Esto no significa justificar sus acciones, sino entenderlas. Muchas veces, el comportamiento problemático nace de la inseguridad o de un contexto que desconocemos. Pregúntate: “¿Qué siente esta persona y por qué actúa así?”.

Lente larga: pregúntate, “¿esto importará en seis meses o un año?”. Muchas situaciones que hoy parecen insoportables, con el tiempo se vuelven anécdotas o incluso aprendizajes valiosos. En lugar de engancharte con la negatividad, pregúntate, “¿Qué puedo aprender de esto?”.

Antes de caer en la trampa de sentirte invisible, recuerda que la forma en que te perciben los demás depende en gran parte de la imagen que proyectas, ya que cada quien tiene su propia percepción ante un mismo hecho.

Y sí, tal vez sea momento de cambiar de lente. Recuerda: si alguna vez sientes que nadie te valora, piensa en el wifi: invisible, pero indispensable -y con suerte, mucho más estable que tu jefe-.

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