Así funciona el dispositivo cerebral con IA que reduce temblores y rigidez en pacientes con Parkinson
La estimulación cerebral profunda adaptativa (ECPA) es una innovación en el tratamiento del Parkinson que ajusta los impulsos eléctricos en tiempo real según la actividad neuronal del paciente.

CIUDAD DE MÉXICO.- Desde finales del siglo XX, la estimulación cerebral profunda (ECP) ha sido una herramienta clave en el tratamiento de enfermedades neurológicas como el Parkinson. Esta técnica quirúrgica consiste en implantar electrodos en zonas específicas del cerebro, los cuales están conectados a un generador de impulsos eléctricos. Con ello, se ha logrado aliviar síntomas motores incapacitantes, como el temblor, la rigidez y la lentitud de movimientos en muchos pacientes.
La evolución de la estimulación cerebral profunda
Sin embargo, a pesar de sus beneficios, la ECP tradicional no es infalible. La Dra. Helen Bronte-Stewart, experta en trastornos del movimiento, describió esta técnica como una herramienta “bastante contundente” para corregir arritmias cerebrales asociadas con el Parkinson. Además, al aplicar impulsos eléctricos de manera constante, sin distinguir entre momentos de mayor o menor actividad de la enfermedad, su eficacia se ha visto limitada en algunos casos.
Con el paso de los años, la investigación en neurología ha permitido el desarrollo de nuevas tecnologías para mejorar este tratamiento. La estimulación cerebral profunda adaptativa (ECPA) surge como una evolución de la técnica original, ofreciendo un enfoque más preciso y personalizado.
Personalización del tratamiento con inteligencia artificial
La ECPA, recientemente aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos, introduce una innovación fundamental: adapta la estimulación eléctrica a la actividad cerebral individual de cada paciente. En lugar de emitir impulsos constantes, como la ECP convencional, este sistema monitorea en tiempo real las señales neuronales y ajusta la estimulación según las necesidades específicas del momento.
Este avance toma inspiración en los marcapasos cardíacos modernos, que regulan la estimulación en función de la actividad del corazón. De manera similar, la ECPA responde a las oscilaciones cerebrales, ajustando los impulsos eléctricos solo cuando se detectan alteraciones significativas en los patrones neuronales. Esto permite reducir los efectos secundarios y mejorar el control de los síntomas motores.
Uno de los elementos clave en este desarrollo es el uso de inteligencia artificial. Gracias a algoritmos avanzados, el sistema aprende a identificar patrones cerebrales asociados con diferentes estados de la enfermedad. Según el Dr. Philip Starr, neurocirujano de la Universidad de California en San Francisco, estos algoritmos permiten que la estimulación se administre de manera más eficiente, optimizando el impacto del tratamiento.
Resultados prometedores en ensayos clínicos
Los estudios clínicos han mostrado resultados alentadores. En el ensayo ADAPT-PD, dirigido por la Dra. Bronte-Stewart, participaron 68 pacientes con Parkinson que ya contaban con un sistema de ECP implantado. Durante un mes de prueba, se les administró la versión adaptativa del tratamiento, y el 98 % de ellos optaron por continuar con la ECPA en el seguimiento a largo plazo.
Pacientes como Keith Krehbiel y James McElroy han reportado mejoras significativas en su calidad de vida tras recibir la ECPA. Krehbiel, profesor universitario, afirmó que aunque no es una cura, ha significado un cambio radical al reducir sus temblores y permitirle disminuir el consumo de medicamentos. Por su parte, McElroy, exmecánico industrial, aseguró que sus síntomas han mejorado al punto de que, para alguien ajeno a su historia clínica, sería difícil notar que tiene Parkinson.
Además de estos beneficios clínicos, la reducción en la carga eléctrica administrada podría prolongar la vida útil de los dispositivos implantados y disminuir la necesidad de cirugías para su reemplazo. Esto representa una ventaja tanto para los pacientes como para los sistemas de salud, al reducir costos y riesgos asociados con intervenciones quirúrgicas adicionales.
Retos y perspectivas futuras
A pesar de sus avances, la ECPA no es adecuada para todos los pacientes con Parkinson. Los especialistas advierten que este tratamiento es más efectivo en aquellos que responden bien a la medicación dopaminérgica y que no están en fases muy avanzadas de la enfermedad. Además, como en cualquier procedimiento quirúrgico, existen riesgos asociados, como infecciones o complicaciones con la anestesia.
Los investigadores continúan trabajando en el perfeccionamiento de esta tecnología. Equipos como el del Dr. Andrew O’Keeffe, del King’s College de Londres, están explorando el uso de electrodos direccionales que permitan estimular áreas más específicas del cerebro, aumentando la precisión del tratamiento. La inteligencia artificial también seguirá desempeñando un papel fundamental, con algoritmos cada vez más sofisticados que podrían mejorar aún más la personalización de la terapia.
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Con la reciente aprobación de la FDA, la ECPA está ahora disponible para pacientes con Parkinson en Estados Unidos que ya cuentan con un sistema de ECP compatible. Médicos e investigadores esperan que esta innovación continúe expandiéndose, brindando una mejor calidad de vida a quienes conviven con esta enfermedad neurodegenerativa. A medida que avancen las tecnologías de estimulación cerebral, el tratamiento del Parkinson se acerca a una era de mayor precisión y eficacia, alineada con la complejidad de la actividad neuronal humana.
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