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Cinco detalles inquietantes de “El Último Caballero”, la obra que convierte a la Muerte en un galán irresistible

Fritz Birkle, al igual que Otto Dix o George Grosz, utilizó su arte para retratar las tensiones sociales del momento.

Cinco detalles inquietantes de “El Último Caballero”, la obra que convierte a la Muerte en un galán irresistible

Hay cuadros que incomodan por su crudeza, y otros por su elegancia sombría. “El Último Caballero” (Der Letzte Kavalier), del pintor alemán Fritz Birkle, pertenece a esta segunda categoría. Pese a su apariencia sofisticada, el protagonista de esta escena es ni más ni menos que La Muerte, envuelta en un aura de seducción decadente. Exhibido en el Salzburg Museum de Austria, este óleo forma parte del movimiento artístico de la Neue Sachlichkeit o Nueva Objetividad, una corriente alemana del periodo de entreguerras que no tenía miedo de mirar de frente a los miedos sociales y humanos.

1. Un caballero de otro mundo

Vestido con un traje impecable, el “último caballero” no es un galán cualquiera: es un esqueleto de piel verdosa y aspecto putrefacto. Desde las sombras, se inclina hacia su víctima —una mujer elegante— y le susurra algo al oído. ¿Una promesa? ¿Una advertencia? El gesto puede leerse como seducción o sentencia, o ambas cosas al mismo tiempo. La muerte, aquí, no llega como tragedia, sino como una figura familiar y elegante.

2. El espejo deformante de la Nueva Objetividad

Fritz Birkle, al igual que Otto Dix o George Grosz, utilizó su arte para retratar las tensiones sociales del momento. Aunque el estilo de la Neue Sachlichkeit deformaba la realidad, lo hacía para mostrarla con más verdad. En este caso, Birkle se adentra en un miedo muy humano: el miedo a envejecer, a perder el control, a ser alcanzado por ese caballero que nunca deja de buscar nuevas parejas para su baile.

3. Un fondo rojo como el fin del mundo

El fondo de la obra parece una llamarada o un sueño febril: un rojo profundo que sugiere peligro, pasión o simplemente el final. Esa elección cromática potencia la atmósfera pesadillesca de la escena, evocando las antiguas Danzas de la Muerte de la Baja Edad Media, donde esqueletos bailaban con vivos para recordarles lo inevitable del destino humano.

4. Una crítica elegante a la sociedad burguesa

Lejos de ser una simple fantasía macabra, el cuadro funciona también como una crítica velada. En tiempos de la posguerra, la burguesía se veía reflejada en obras como esta, que mostraban sus miedos y superficialidades con una crudeza incómoda. En este espejo artístico, la muerte no distingue entre clases sociales ni apariencias: todos estamos invitados al mismo baile.

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5. ¿Un retrato del miedo o una aceptación serena?

Lo más inquietante de “El Último Caballero” no es su contenido sino su tono: no hay gritos ni violencia, solo una tensión silenciosa. La mujer no huye ni grita; más bien parece aceptar la compañía de su inesperado visitante. Tal vez esa sea la lección de Birkle: que la muerte, inevitable y siempre al acecho, se disfraza a veces con formas amables para recordarnos que ningún galán es eterno, excepto ella.

Con información de HA!

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