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El corrido bajacaliforniano: gestas y tragedias

La gesta revolucionaria campesina en Baja California.

Gabriel  Trujillo

La gesta revolucionaria campesina en Baja California, por ejemplo, sólo tiene un corrido notable: el de la toma de las tierras del valle de Mexicali por agraristas mexicanos en 1937. Es la culminación de una lucha de más de 20 años por recuperar la concesión dada por el régimen porfirista en 1902 a la Colorado River Land Company, una empresa estadounidense que se convirtió en dueña y capataz de miles de campesinos mexicanos y extranjeros. El corrido se titula “Corrido a la gesta del 27 de enero” y fue compuesto por Emigdio Mora años más tarde, donde se habla del “notable valor” de los campesinos del valle de Mexicali, de los “agraristas unidos” que afirmaban que su movimiento era colectivo, puesto que “aquí no tenemos jefes pues todos somos iguales”. Historia de David contra Goliat en plena frontera México-Estados Unidos.

Es curioso ver que, en la década de los cuarenta del siglo xx, el corrido en Baja California vuelve a asumir la reivindicación de un héroe comunitario. Si en el siglo anterior había sido Joaquín Murrieta, un guerrillero-forajido, en el “Corrido de Juan Meneses Adarga” (1947), de Guillermo Cruz Miranda, la figura a reivindicar es el jefe de la policía de la capital de Baja California, lo que convierte a esta pieza musical en un obvio antecedente de los narcocorridos actuales. En el corrido creado por Cruz Miranda, la venganza real de una banda de traficantes de estupefacientes lleva a la muerte al comandante de la policía de Mexicali, transformando el tranquilo centro de la ciudad en una estremecedora escena del crimen: “Voy a cantar un corrido/señores, ya lo verán,/mataron a un Comandante/la víspera de San Juan./Por la Avenida Reforma/en su carro caminaba,/no pensando que la muerte/adelante lo esperaba./De un carro que lo alcanzó/manejado por tiranos/recibió cinco balazos/de seis que le dispararon”.

Como un periodista avezado, Guillermo Cruz Miranda nos instala en el centro de la acción y nos lleva, escena por escena, al desarrollo de los hechos donde vemos lo que pensaba el comandante Juan Meneses lo mismo que lo que decían los asesinos o lo que declaraban los testigos de la balacera. Su corrido es una crónica versificada de acontecimientos que estremecieron a la sociedad bajacaliforniana de su tiempo.

Ya Manuel Valenzuela, en su libro Jefe de jefes (2002), afirma que el corrido es un “elemento de expresión de los grupos populares,” es una historia oral que se canta y se declama. Microhistoria que realza la vida de un pueblo a través de sus personajes extremos, sus ángeles y demonios, sus héroes y villanos. Para Valenzuela, el corrido recrea “los mitos, las leyendas, los eventos significativos, que se propalan de pueblo en pueblo, de batalla en batalla, de abajo a todas partes.”

En el caso de Baja California, las grandes batallas son escaramuzas personales, ajustes de cuentas, emboscadas y tiroteos. La gesta popular, en el corrido bajacaliforniano, es individualista pero su resonancia es comunitaria. Los héroes son héroes porque su muerte no es la de una persona más sino la de un ideal que, a pesar de la ausencia física de su protagonista, prevalece de cara a la historia. Gestas que son exaltación de la vida a la sombra de la muerte. Cantos desde la marginalidad que lucha por no caer en el anonimato, que pelea por hacerse oír en el bullicio de una entidad que ha apostado por el progreso irrestricto y que ha ocultado, bajo la alfombra del olvido, el costo que este desarrollo económico ha tenido para buena parte de su población.

El “Corrido de don Pacheco Ventura,” un canto nacido del corazón mismo de la comunidad mixteca en el valle de San Quintín, municipio de Ensenada, es buena prueba de ello. Escrito por José Juan Reyes (Oaxaca, 1948), cantor popular de origen mixteco, este corrido nos ubica en el contexto del trabajo campesino, rural, en la Baja California de los años ochenta del siglo xx. Es un acto comunitario para que un hombre se le saque del anonimato de la muerte, para que la música restañe las heridas que deja su deceso, como el de Pancho Ventura, un albañil oaxaqueño que murió en nuestra entidad: “Muchacho canta el corrido/de Don Pacheco Ventura./¿- Dónde sus restos descansan?/En el rancho de Las Pulgas”. El corrido como un obituario comunitario, como un grito de dolor desde el corazón de los más desprotegidos, de los más desamparados. La música bajacaliforniana que mejor retrata lo que somos.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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